“Alba de Gloria” é posiblemente unha das mellores pezas de oratoria en lingua galega. Foi o discurso pronunciado por Castelao o 25 de xullo de 1948 no Centro Galego de Bos Aires.
Hace tiempo descubrí que soy una logófila… sí, me fascina encontrar y aprender nuevas palabras. Esta semana ha sido productiva, hasta cuatro vocablos nuevos he sumado a mi colección.
Una amiga portuguesa mencionó en una conversación que determinada propuesta le había parecido una “estapafurdia“, el término nos hizo reír y posteriormente nos aclaró que su uso es bastante frecuente en la región portuguesa de Trás-os-Montes, y que significa: absurdo, disparatado, ridículo.
Durante un ensayo teatral, nuestro director se refirió a las acotaciones del texto denominándolas “didascalias”, preciosa palabra que según la RAE en teatro significa: indicación del dramaturgo a los intérpretes para la puesta en escena.
En una reunión de amigas, una de ellas nos obsequió al resto con sendos “opúsculos”, otra interesante palabreja que la RAE define como: obra científica o literaria de poca extensión.
Y por último, de manera casual y muy divertida, descubrí a que se refiere la palabra “Comneno”. Lo hice gracias a una conversación mantenida entre mi compañero de oficina, que esa mañana estaba especialmente inspirado de fina ironía, y una teleoperadora bastante insistente e incordiante de cierta compañía telefónica. Os transcribo tal cual la conversación, de la que fui tomando nota de modo casi taquigráfico mientras contenía la risa, porque no tiene desperdicio:
– Operadora: Buenos días, mi nombre es (X) y llamo de la compañía (X), ¿sería tan amable de indicarme quién le está proporcionando el servicio de telefonía a su empresa?
– Andrés: El patriarca ecuménico de Constantinopla.
– Operadora: Disculpe, no le he entendido bien… ¿quién me ha dicho?
– Andrés: Pues ya sabe… el patriarca ecuménico, su santidad Bartolomé I
– Operadora: (tras unos segundos de silencio) ya… verá es que disponemos en este momento de una oferta con grandes descuentos en su factura y queríamos proponerle cambiar de operador y contratar con nuestra compañía.
– Andrés: ¡Uy! pero usted comprenderá señorita que eso sería una apostasía por mi parte, (solemne) porque como gran Comneno del imperio de Trebisonda he de permanecer fiel al símbolo de Nicea.
– Operadora: (más segundos de silencio) pero mire… nosotros le ofrecemos la mejor fibra a mayor velocidad y…
– Andrés: disculpe señorita pero la fibra óptica directa para hablar con Dios ya me la proporciona el patriarca de mi religión. No estoy interesado en su oferta, no insista, es muy amable y ha sido un placer charlar con usted pero tengo cosas que hacer, así que con su permiso y sintiéndolo mucho voy a tener que colgar, ¿le parece bien?…
Ya nadie respondió del otro lado de la línea. Es un lujo tener compañeros de oficina capaces de convertir una anodina mañana de trabajo en un show cómico. Por cierto… “Comneno”, según me explicó Andrés (todo un friki de la historia), es el nombre de una familia y dinastía imperial bizantina que dio seis monarcas al Imperio de Oriente y que gobernó del 1081 al 1185.
Cien días, los he contado, cien días justos han transcurrido entre los (dos) cafés de aquella fría tarde de marzo en la que te despedí con un: “cuídate hermano, te voy a echar de menos”, y los (tres) cafés de esta tarde antesala del verano.
Ha pasado mucho tiempo, han mudado muchas cosas, pero las sonrisas continúan intactas y los abrazos siguen siendo igual de alentadores.
Gracias a los dos, esta noche me voy a la cama con Woody Allen.
Llegar y descalzarse, con los ojos extasiados y la sonrisa dibujada nada más verte.
¡Cómo echaba de menos escucharte! ¡cómo echaba de menos tu olor!
El primer cosquilleo en los pies es fino y seco. “Voy a caminarte de punta a punta”, me digo.
A medida que me acerco a ti el cosquilleo se vuelve más áspero y más húmedo.
Y me sales al encuentro adornado con un remolino de espuma blanca, travieso, lamiéndome los pies primero, trepando por mis piernas sedientas después, con tanto ímpetu que me obligas a remangarme la falda.
Después de tanto tiempo no sé muy bien como describir la sensación… dejémoslo en “repentina alegría”
Hoy he vuelto a la playa, a llenarme de nuevo la retina de azul, naranja, rosa, malva… y es que me debía una puesta de sol desde hacía meses.
He regresado a casa con arena en los pies, el bajo de la falda algo húmedo y el corazón alegre.
Después de dos meses asomada a la ventana y revoloteando tímidamente y en contadas ocasiones sólo por su barrio, Campanilla estaba deseando que llegase este lunes para echarse a volar por toda la ciudad sin límite de tiempo. Sus alitas ya se mueven inquietas. Tal vez mañana os sorprenda una fina lluvia de polvo de hadas.
La preciosa imagen que ilustra esta entrada es de Pablo Prados.
No es que las sonrisas hayan desaparecido del mundo, simplemente se han vuelto tímidas por obligación. La mía, por ejemplo, sigue estando muy activa y se ha vuelto más descarada al amparo de la mascarilla.