Coleccionando palabras

Hace tiempo descubrí que soy una logófila… sí, me fascina encontrar y aprender nuevas palabras. Esta semana ha sido productiva, hasta cuatro vocablos nuevos he sumado a mi colección.

  • Una amiga portuguesa mencionó en una conversación que determinada propuesta le había parecido una “estapafurdia“, el término nos hizo reír y posteriormente nos aclaró que su uso es bastante frecuente en la región portuguesa de Trás-os-Montes, y que significa: absurdo, disparatado, ridículo.
  • Durante un ensayo teatral, nuestro director se refirió a las acotaciones del texto denominándolas “didascalias”, preciosa palabra que según la RAE en teatro significa: indicación del dramaturgo a los intérpretes para la puesta en escena.
  • En una reunión de amigas, una de ellas nos obsequió al resto con sendos “opúsculos”, otra interesante palabreja que la RAE define como: obra científica o literaria de poca extensión.
  • Y por último, de manera casual y muy divertida, descubrí a que se refiere la palabra “Comneno”. Lo hice gracias a una conversación mantenida entre mi compañero de oficina, que esa mañana estaba especialmente inspirado de fina ironía, y una teleoperadora bastante insistente e incordiante de cierta compañía telefónica. Os transcribo tal cual la conversación, de la que fui tomando nota de modo casi taquigráfico mientras contenía la risa, porque no tiene desperdicio:

Operadora: Buenos días, mi nombre es (X) y llamo de la compañía (X), ¿sería tan amable de indicarme quién le está proporcionando el servicio de telefonía a su empresa?

Andrés: El patriarca ecuménico de Constantinopla.

Operadora: Disculpe, no le he entendido bien… ¿quién me ha dicho?

Andrés: Pues ya sabe… el patriarca ecuménico, su santidad Bartolomé I

Operadora: (tras unos segundos de silencio) ya… verá es que disponemos en este momento de una oferta con grandes descuentos en su factura y queríamos proponerle cambiar de operador y contratar con nuestra compañía.

Andrés: ¡Uy! pero usted comprenderá señorita que eso sería una apostasía por mi parte, (solemne) porque como gran Comneno del imperio de Trebisonda he de permanecer fiel al símbolo de Nicea.

Operadora: (más segundos de silencio) pero mire… nosotros le ofrecemos la mejor fibra a mayor velocidad y…

Andrés: disculpe señorita pero la fibra óptica directa para hablar con Dios ya me la proporciona el patriarca de mi religión. No estoy interesado en su oferta, no insista, es muy amable y ha sido un placer charlar con usted pero tengo cosas que hacer, así que con su permiso y sintiéndolo mucho voy a tener que colgar, ¿le parece bien?…

Ya nadie respondió del otro lado de la línea. Es un lujo tener compañeros de oficina capaces de convertir una anodina mañana de trabajo en un show cómico. Por cierto… “Comneno”, según me explicó Andrés (todo un friki de la historia), es el nombre de una familia y dinastía imperial bizantina que dio seis monarcas al Imperio de Oriente y que gobernó del 1081 al 1185.

Perder…

Soy un desastre… ¡lo pierdo todo!

Las llaves, el autobús de las seis, la lista de la compra que llevaba en el bolsillo.

La semana pasada, sin ir más lejos, perdí un calcetín. Se lo debió tragar la lavadora y ahora, cada vez que abro el cajón de la cómoda, me topo con la mirada interrogante y desconsolada del pobre calcetín desparejado. Me da lástima tirarlo, pobrecico, ¿y si aparece su compañero?

Rara vez pierdo los papeles y el buen humor, aunque alguna vez he perdido la paciencia. También pierdo con frecuencia el hilo de la conversación, eso me pasa por parlanchina.

Lo que no pierdo nunca es el apetito, será por eso que no pierdo peso, bueno sí… el otro día perdí alrededor de 2000 calorías, se me quemó la empanada de bacalao que tenía en el horno. No perdí los nervios pero sí perdí la noción del tiempo.

Eso me pasa cada vez que me dedicas esa sonrisilla picaruela y yo… pues claro, me pierdo en tus ojos.

Menos mal que aún no he perdido la cabeza, la vergüenza sí, esa la perdí hace siglos o tal vez nunca la tuve.

He perdido la oportunidad más de una vez, pero eso es algo que no me quita el sueño porque la vida está llena de oportunidades.

Puestos a perder, prefiero perder el tiempo de vez en cuando, es muy gratificante.

Pero a ti… a ti si que no quiero perderte.