Cien días

¿Quién nos lo iba a decir?

Cien días, los he contado, cien días justos han transcurrido entre los (dos) cafés de aquella fría tarde de marzo en la que te despedí con un: “cuídate hermano, te voy a echar de menos”, y los (tres) cafés de esta tarde antesala del verano.

Ha pasado mucho tiempo, han mudado muchas cosas, pero las sonrisas continúan intactas y los abrazos siguen siendo igual de alentadores.

Gracias a los dos, esta noche me voy a la cama con Woody Allen.

Reencuentro

Llegar y descalzarse, con los ojos extasiados y la sonrisa dibujada nada más verte.

¡Cómo echaba de menos escucharte! ¡cómo echaba de menos tu olor!

El primer cosquilleo en los pies es fino y seco. “Voy a caminarte de punta a punta”, me digo.

A medida que me acerco a ti el cosquilleo se vuelve más áspero y más húmedo.

Y me sales al encuentro adornado con un remolino de espuma blanca, travieso, lamiéndome los pies primero, trepando por mis piernas sedientas después, con tanto ímpetu que me obligas a remangarme la falda.

Después de tanto tiempo no sé muy bien como describir la sensación… dejémoslo en “repentina alegría”

Hoy he vuelto a la playa, a llenarme de nuevo la retina de azul, naranja, rosa, malva… y es que me debía una puesta de sol desde hacía meses.

He regresado a casa con arena en los pies, el bajo de la falda algo húmedo y el corazón alegre.

Samil – 27/05/2020