Instantes fugaces (primera parte)

En el tren

56 minutos… ese era el tiempo que tardaba el tren de las 17:15 en recorrer la distancia entre Vigo y Santiago. Apenas una veintena de pasajeros en todo el vagón. Se acomodó en su asiento, se quitó la bufanda, conectó los auriculares a su móvil y se entretuvo en observar el paisaje que iba quedando atrás. La oscuridad del túnel propició una imagen de casi espejo y fue entonces cuando notó que él la observaba a unas cuatro filas de distancia.

Giró despacio y disimuladamente la cabeza hasta tropezarse con aquel par de ojos verdes… pues sí, el reflejo de la ventanilla no mentía, aquella mirada iba dirigida sin duda a ella. Tardó algunos minutos en unirse al juego pero … ¿por qué no?, lo más probable es que sólo coincidiesen durante ese viaje. Dos desconocidos que cruzan sus vidas un instante fugaz… nada que perder.

No necesitaron manos para desnudarse, les bastó sostenerse la mirada y dejar el resto a la imaginación.

“Próxima estación Santiago de Compostela, next stop Santiago de Compostela”.

Él volvió entonces la atención hacia su acompañante que, sentada a su lado, acababa de despertarse. Ella se envolvió en la bufanda, comprobó que no se dejaba nada en el asiento y se encaminó a la salida. Sólo hubo un brevísimo contacto, el de su abrigo contra el codo de él apoyado en el reposa-brazos al cruzar el pasillo a su altura.

Terminaron el juego, él proseguía viaje hasta A Coruña. Se giró para verla por última vez mientras se mordía el labio inferior y ella… le devolvió la sonrisa.

Continuará…  

De vuelta a los 70

Ventanas abiertas, ropa tendida, luces encendidas al anochecer y algarabía de niños correteando por todas partes. La vida ha regresado al pueblo.

Y yo, que he pasado casi todos mis agostos en la aldea, tengo la sensación de haber vuelto a los años de mi infancia cuando las vacaciones de verano eran sinónimo de estar con los abuelos, reencontrarse con los primos y jugar todo el día, despreocupados, en plena naturaleza.

Con el paso de los años muchos dejaron de venir, escogieron para “vacacionar” destinos más turísticos, más “glamurosos”, más lejanos, y cuando ya no había abuelos que visitar muchas casas se cerraron y el olvido las fue devorando poco a poco. Aldeas enteras se vaciaron, las paredes de sus casas empezaron a desmoronarse engullidas por hiedras y zarzas que borraron todo rastro de vida pasada en ellas.

Ayer salí a caminar con mis perros como todas las tardes, esta vez me acompañaban dos niños y sus jóvenes padres. De repente en un recodo del sendero se nos cruzó veloz como un rayo dorado un precioso zorro. Ante los ojos cargados de asombro de los niños, aquel animal salvaje acababa de convertir la tarde en una emocionante aventura, y era sin duda mucho más fascinante que cualquiera de las criaturas de ficción que aparecían en sus habituales videojuegos. Por primera vez en su vida habían visto un zorro “de verdad” en su hábitat natural.

Me resulta esperanzador todo esto, porque tal vez algunos de estos niños quieran volver a pasar sus vacaciones en el pueblo. Tal vez algunas de estas familias empiecen a darse cuenta que el campo puede ser un destino tanto o más atractivo que cualquier resort o ciudad de vacaciones de moda. Tal vez tomen en consideración la idea de que cuidar y abrir de vez en cuando la “casa de la aldea” es una buena inversión. Tal vez vuelvan a llenarse de gente los pueblos como en los veranos de los 70…

Y es que, como me confesaba ayer el padre de los niños: “yo ya me lo estoy planteando, si nos vuelven a cerrar Madrid… ¿que mejor sitio que este para pasar otro confinamiento?”

Ventanas abiertas, ropa tendida, luces encendidas al anochecer y algarabía de niños felices correteando por todas partes. Da gusto ver como la vida ha regresado al pueblo.

Coleccionando palabras

Hace tiempo descubrí que soy una logófila… sí, me fascina encontrar y aprender nuevas palabras. Esta semana ha sido productiva, hasta cuatro vocablos nuevos he sumado a mi colección.

  • Una amiga portuguesa mencionó en una conversación que determinada propuesta le había parecido una “estapafurdia“, el término nos hizo reír y posteriormente nos aclaró que su uso es bastante frecuente en la región portuguesa de Trás-os-Montes, y que significa: absurdo, disparatado, ridículo.
  • Durante un ensayo teatral, nuestro director se refirió a las acotaciones del texto denominándolas “didascalias”, preciosa palabra que según la RAE en teatro significa: indicación del dramaturgo a los intérpretes para la puesta en escena.
  • En una reunión de amigas, una de ellas nos obsequió al resto con sendos “opúsculos”, otra interesante palabreja que la RAE define como: obra científica o literaria de poca extensión.
  • Y por último, de manera casual y muy divertida, descubrí a que se refiere la palabra “Comneno”. Lo hice gracias a una conversación mantenida entre mi compañero de oficina, que esa mañana estaba especialmente inspirado de fina ironía, y una teleoperadora bastante insistente e incordiante de cierta compañía telefónica. Os transcribo tal cual la conversación, de la que fui tomando nota de modo casi taquigráfico mientras contenía la risa, porque no tiene desperdicio:

Operadora: Buenos días, mi nombre es (X) y llamo de la compañía (X), ¿sería tan amable de indicarme quién le está proporcionando el servicio de telefonía a su empresa?

Andrés: El patriarca ecuménico de Constantinopla.

Operadora: Disculpe, no le he entendido bien… ¿quién me ha dicho?

Andrés: Pues ya sabe… el patriarca ecuménico, su santidad Bartolomé I

Operadora: (tras unos segundos de silencio) ya… verá es que disponemos en este momento de una oferta con grandes descuentos en su factura y queríamos proponerle cambiar de operador y contratar con nuestra compañía.

Andrés: ¡Uy! pero usted comprenderá señorita que eso sería una apostasía por mi parte, (solemne) porque como gran Comneno del imperio de Trebisonda he de permanecer fiel al símbolo de Nicea.

Operadora: (más segundos de silencio) pero mire… nosotros le ofrecemos la mejor fibra a mayor velocidad y…

Andrés: disculpe señorita pero la fibra óptica directa para hablar con Dios ya me la proporciona el patriarca de mi religión. No estoy interesado en su oferta, no insista, es muy amable y ha sido un placer charlar con usted pero tengo cosas que hacer, así que con su permiso y sintiéndolo mucho voy a tener que colgar, ¿le parece bien?…

Ya nadie respondió del otro lado de la línea. Es un lujo tener compañeros de oficina capaces de convertir una anodina mañana de trabajo en un show cómico. Por cierto… “Comneno”, según me explicó Andrés (todo un friki de la historia), es el nombre de una familia y dinastía imperial bizantina que dio seis monarcas al Imperio de Oriente y que gobernó del 1081 al 1185.

Son verbos moi distintos

Mexar: do latín popular «meiāre» e a súa vez do latín «meiĕre». Verbo intransitivo que significa “expulsar a urina”.

Chover: do latín popular «plovĕre» e este do latín «pluĕre». Verbo intransitivo que significa “caer auga das nubes en forma de pingas”.

É moi importante ter clara a diferenza entre ámbalas dúas palabras… sobre todo en época de eleccións.

Cien días

¿Quién nos lo iba a decir?

Cien días, los he contado, cien días justos han transcurrido entre los (dos) cafés de aquella fría tarde de marzo en la que te despedí con un: “cuídate hermano, te voy a echar de menos”, y los (tres) cafés de esta tarde antesala del verano.

Ha pasado mucho tiempo, han mudado muchas cosas, pero las sonrisas continúan intactas y los abrazos siguen siendo igual de alentadores.

Gracias a los dos, esta noche me voy a la cama con Woody Allen.