Un año…

Fue poner el pie en la arena y comenzar a llover con ganas, hice bien en traerme mi paraguas de colores a la playa. Es casi un ritual, comenzar el año respirando mar, escuchando batir las olas, sintiendo la brisa en la cara y el pelo moviéndose al compás del viento.

Hace justo un año me acerqué también a la playa, esa tarde recuerdo el cielo azul y un sol de invierno esplendoroso.

De vuelta en casa me senté delante del ordenador y germiné este blog pequeñito de “la gata”, un blog que ha ido creciendo tímido a la sombra de su hermano mayor, el blog de “Marieta” que es más pragmático y menos íntimo. Sois pocos los lectores de este blog que acaba de cumplir su primer año, pocos pero selectos y apreciados, y está bien que así sea.

Espero que dentro de un año pueda escribiros de nuevo a mi regreso de la playa y siga teniendo cosas bonitas que contaros, hasta entonces procurad ser muy felices.

Después del chaparrón se disiparon las nubes

Instantes fugaces (segunda parte)

En la playa

El murmullo de las olas ponía la adecuada banda sonora a la lectura. La brisa le acariciaba la piel y el sol de la tarde bañaba sus pies mientras el resto de su anatomía se resguardaba bajo la sombrilla.

Levantó un momento los ojos del libro movida por una sensación difícil de explicar, ¿fue un impulso? ¿una intuición?… nunca lo sabría, pero cuando lo hizo volvió a encontrarse con unos ojos verdes que no le resultaron desconocidos.

El cruce de miradas duró en realidad un breve instante pero para los protagonistas del momento la escena transcurrió como a cámara lenta… otra vez esa sensación excitante de desnudarse mutuamente sin necesidad de tacto.

Pero esta vez un obstáculo en forma de mascarillas escondió la humedad en los labios de ella y la sonrisa de asombro de él.

Le vio alejarse en compañía, después dejó el libro en la arena y se acercó al agua. Aunque caminaban en direcciones opuestas ambos giraron un momento la cabeza… pero sus miradas ya no volvieron a encontrarse.

Continuará…

Reencuentro

Llegar y descalzarse, con los ojos extasiados y la sonrisa dibujada nada más verte.

¡Cómo echaba de menos escucharte! ¡cómo echaba de menos tu olor!

El primer cosquilleo en los pies es fino y seco. “Voy a caminarte de punta a punta”, me digo.

A medida que me acerco a ti el cosquilleo se vuelve más áspero y más húmedo.

Y me sales al encuentro adornado con un remolino de espuma blanca, travieso, lamiéndome los pies primero, trepando por mis piernas sedientas después, con tanto ímpetu que me obligas a remangarme la falda.

Después de tanto tiempo no sé muy bien como describir la sensación… dejémoslo en “repentina alegría”

Hoy he vuelto a la playa, a llenarme de nuevo la retina de azul, naranja, rosa, malva… y es que me debía una puesta de sol desde hacía meses.

He regresado a casa con arena en los pies, el bajo de la falda algo húmedo y el corazón alegre.

Samil – 27/05/2020

Se disipó la niebla

Aquella historia llevaba estancada en su escritorio… ¿cuántos?, ¿seis años por lo menos?

Cierto que en todo ese tiempo había publicado más de setenta artículos sin mayores dificultades, pero ese en concreto se le había atragantado. Infinidad de veces se sentó frente al ordenador con el firme propósito de terminarlo, pero nunca estaba satisfecho con el resultado. Tal vez era demasiado exigente consigo mismo…

Recordó el consejo: cuando te bloquees, para y sal a caminar.

La tarde estaba brumosa y desapacible, aun así decidió probar suerte. Tal vez un paseo por la playa le ayudase a desenredar las ideas.

Y fue entonces, por azar y en medio de la niebla, cuando se encontró con ella: Han pasado seis largos años… No necesitaron decirse nada más, sus miradas hablaron por los dos. Aquel apasionado abrazo fue más que suficiente, ahí estaba su musa sonriéndole otra vez.

El artículo se publicó a la mañana siguiente.