La vida da muchas vueltas

Apuraba el paso para no llegar tarde a la función cuando lo vio sentado en las escaleras de la sucursal bancaria. Al pasar a su altura pudo leer el cartel que sostenía en sus manos y que rezaba: “La vida da muchas vueltas. Sin familia, sin recursos, necesito pagar la habitación”.

Nunca daba dinero a los que pedían en la calle, pero esta vez un extraño impulso hizo que se detuviese, palpó la moneda dentro del bolsillo de su abrigo y dio la vuelta. Depositó los dos euros en el vaso de plástico y se miraron a los ojos… Ella esbozó una tenue sonrisa, él bajó la cabeza y musitó un apenas audible gracias.

Había dejado de llover pero la calle aún brillaba bajo el reflejo de las farolas. Mientras repasaba mentalmente los detalles de la tediosa obra que acababa de ver, le dio una vuelta más a la bufanda tratando de abrigarse también la nariz. Tenía los pies helados dentro de las botas. Estaba deseando llegar a casa.

Casi tres horas después, él seguía en la misma posición, sentado cabizbajo en las escaleras del banco. Mientras se aproximaba volvió a fijarse en sus preciosas manos, los zapatos limpios, el distinguido porte y la mirada ausente. Nunca supo explicar que la impulsó a hacerlo…

Cuéntame tu historia _ le pidió sentándose a su lado. Él tardó un par de minutos en mirarla a los ojos y despegar los labios…

Es cierto, la vida da muchas vueltas. Hoy comparten el mismo techo, ella no ha vuelto a tener los pies fríos y de vez en cuando van juntos al teatro.

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