Instantes fugaces ( tercera parte)

1980

Otoño, palacio de los deportes de Riazor… su primera vez para muchas cosas.

Tal vez fue la fascinación del momento, la música potente, la sensación de sentirse una gota de agua más en un océano humano vociferante y alborotado, su escasa tolerancia al alcohol… pero cuando reparó en él y sus miradas se encontraron el mundo se detuvo alrededor.

Con los ojos brillantes y las manos metidas en los bolsillos le gritó un tímido “hola” al que ella respondió con una sonrisa y la mano tendida buscando quizás, una tabla salvadora. Hubo mutua atracción desde el primer instante y desahogaron sus instintos devorándose a besos mientras la multitud permanecía ajena a su pasión. 

De aquella noche recordó muy pocas cosas. Aún hoy se pregunta cómo consiguió llegar a casa, por ejemplo. Sí recuerda la resaca atroz del día siguiente y la bronca descomunal de su padre.  Pero sobre todo recordó durante mucho tiempo aquellas pupilas verdes clavadas en las suyas, aquellas manos torpes acariciándola por debajo del vestido, y aquellos labios que, entre beso y beso, le cantaban al oído: “Baby I love you, come on baby, baby I love you, baby I love only you”.

Dos respiraciones agitadas por el deseo diluyéndose en medio de aquel griterío ensordecedor.
Fue un instante fugaz pero inolvidable, ni siquiera se despidieron, ni siquiera se presentaron, solamente latieron al unísono durante el tiempo que duró aquel concierto de rock. 

Instantes fugaces (segunda parte)

En la playa

El murmullo de las olas ponía la adecuada banda sonora a la lectura. La brisa le acariciaba la piel y el sol de la tarde bañaba sus pies mientras el resto de su anatomía se resguardaba bajo la sombrilla.

Levantó un momento los ojos del libro movida por una sensación difícil de explicar, ¿fue un impulso? ¿una intuición?… nunca lo sabría, pero cuando lo hizo volvió a encontrarse con unos ojos verdes que no le resultaron desconocidos.

El cruce de miradas duró en realidad un breve instante pero para los protagonistas del momento la escena transcurrió como a cámara lenta… otra vez esa sensación excitante de desnudarse mutuamente sin necesidad de tacto.

Pero esta vez un obstáculo en forma de mascarillas escondió la humedad en los labios de ella y la sonrisa de asombro de él.

Le vio alejarse en compañía, después dejó el libro en la arena y se acercó al agua. Aunque caminaban en direcciones opuestas ambos giraron un momento la cabeza… pero sus miradas ya no volvieron a encontrarse.

Continuará…