Instantes fugaces (segunda parte)

En la playa

El murmullo de las olas ponía la adecuada banda sonora a la lectura. La brisa le acariciaba la piel y el sol de la tarde bañaba sus pies mientras el resto de su anatomía se resguardaba bajo la sombrilla.

Levantó un momento los ojos del libro movida por una sensación difícil de explicar, ¿fue un impulso? ¿una intuición?… nunca lo sabría, pero cuando lo hizo volvió a encontrarse con unos ojos verdes que no le resultaron desconocidos.

El cruce de miradas duró en realidad un breve instante pero para los protagonistas del momento la escena transcurrió como a cámara lenta… otra vez esa sensación excitante de desnudarse mutuamente sin necesidad de tacto.

Pero esta vez un obstáculo en forma de mascarillas escondió la humedad en los labios de ella y la sonrisa de asombro de él.

Le vio alejarse en compañía, después dejó el libro en la arena y se acercó al agua. Aunque caminaban en direcciones opuestas ambos giraron un momento la cabeza… pero sus miradas ya no volvieron a encontrarse.

Continuará…

Instantes fugaces (primera parte)

En el tren

56 minutos… ese era el tiempo que tardaba el tren de las 17:15 en recorrer la distancia entre Vigo y Santiago. Apenas una veintena de pasajeros en todo el vagón. Se acomodó en su asiento, se quitó la bufanda, conectó los auriculares a su móvil y se entretuvo en observar el paisaje que iba quedando atrás. La oscuridad del túnel propició una imagen de casi espejo y fue entonces cuando notó que él la observaba a unas cuatro filas de distancia.

Giró despacio y disimuladamente la cabeza hasta tropezarse con aquel par de ojos verdes… pues sí, el reflejo de la ventanilla no mentía, aquella mirada iba dirigida sin duda a ella. Tardó algunos minutos en unirse al juego pero … ¿por qué no?, lo más probable es que sólo coincidiesen durante ese viaje. Dos desconocidos que cruzan sus vidas un instante fugaz… nada que perder.

No necesitaron manos para desnudarse, les bastó sostenerse la mirada y dejar el resto a la imaginación.

“Próxima estación Santiago de Compostela, next stop Santiago de Compostela”.

Él volvió entonces la atención hacia su acompañante que, sentada a su lado, acababa de despertarse. Ella se envolvió en la bufanda, comprobó que no se dejaba nada en el asiento y se encaminó a la salida. Sólo hubo un brevísimo contacto, el de su abrigo contra el codo de él apoyado en el reposa-brazos al cruzar el pasillo a su altura.

Terminaron el juego, él proseguía viaje hasta A Coruña. Se giró para verla por última vez mientras se mordía el labio inferior y ella… le devolvió la sonrisa.

Continuará…