Noche de Reyes

Mi padre siempre tuvo un trato muy cercano y amistoso con sus majestades, los Reyes Magos de Oriente, debía ser porque su trabajo por las mañanas le tenía recorriendo Madrid de un lado a otro y coincidían con frecuencia cuando ellos visitaban la ciudad.

Le gustaba mucho alardear ante mí de esos encuentros y a menudo me hablaba de ellos. Desde principios de diciembre, al llegar a casa al mediodía, muchas veces me sentaba en sus rodillas y me preguntaba: “¿sabes a quién he visto hoy?”

A mí se me abrían los ojos como platos mientras él me relataba su encuentro con Melchor en la calle Fuencarral, o las charlas con Baltasar mientras ambos aguardaban para hacer transbordo en la línea de metro de Ópera, o el café con churros que se había tomado por la mañana en Atocha con Gaspar.

Después yo le bombardeaba a preguntas acerca de si ya habían recibido mi carta, si le habían hablado de mí, si había visto también a los camellos, si estos iban muy cargados…

Nuestra ilusionante conversación solía interrumpirse cuando mamá anunciaba desde la cocina que la mesa estaba puesta y la comida servida en los platos, que nos dejásemos de cháchara e hiciésemos el favor de sentarnos de una santa vez antes de que se enfriase el guiso y luego no estuviese tan rico.

Entonces yo comenzaba a comer con mi desgana habitual, moviéndome inquieta en la silla, mientras por mi cabecita bullía todo un desfile de regalos, camellos, magos y sorpresas…

Por aquel entonces, los niños no conocíamos aún al señor gordito vestido de rojo que dice “ho, ho, ho”, y la noche del cinco de enero era, sin duda, la más especial y mágica de todo el año.

Os deseo a todos una noche de Reyes muy feliz.

Este año no hay “belén”

(La Virgen se está peinando entre cortina y cortina… y el pobre de San José no encuentra su mascarilla)

  • José: María, ¿tú sabes dónde la he puesto?… ya se me olvidan las cosas, eso es que voy para viejo.
  • María: la tiré a la basura que ya te la pusiste ayer, con estas cosas te he dicho que cuidado has de tener. Además… ¿a dónde vas a esta hora?, vigílame al niño, anda, mientras pongo la lavadora.
  • J: dime niño… ¿tú qué quieres?, ¿que leamos un tebeo o que te ayude con los deberes?
  • Niño: yo quiero bajar al parque a jugar con mis amigos, me aburro de estar en casa haciendo siempre lo mismo.
  • J: ¡ay del chiquirritín! menudo genio se nos gasta, ¿te ha dicho tu madre ya, que este año no hay belén y se suspende la cabalgata?
  • N: ¿y qué pasa con mis regalos?, ¿no van a venir los magos?, yo les he escrito la carta como hago todos los años.
  • J: ¿tú no sabes hijo mío, que en Oriente también están confinados?, los Reyes no pueden viajar y en Laponia tienen cierre perimetral, así que Papá Noel ha cerrado su almacén. Los renos están encantados y los camellos también. Pero no te preocupes que tu cumpleaños lo vamos a celebrar, haremos una reunión por “zoom” a la hora de cenar. Imagínate a los Magos, Santa y sus renos, los pastores y hasta Herodes… esta Nochebuena, como se conecten todos ¡armamos la “marimorena”!. Y ahora, ven, dale un abrazo al anciano de tu padre, que esta pandemia me tiene triste, y buena falta me hace.

Feliz Navidad y cuidaos mucho