Cien días

¿Quién nos lo iba a decir?

Cien días, los he contado, cien días justos han transcurrido entre los (dos) cafés de aquella fría tarde de marzo en la que te despedí con un: “cuídate hermano, te voy a echar de menos”, y los (tres) cafés de esta tarde antesala del verano.

Ha pasado mucho tiempo, han mudado muchas cosas, pero las sonrisas continúan intactas y los abrazos siguen siendo igual de alentadores.

Gracias a los dos, esta noche me voy a la cama con Woody Allen.

Un año más

Completada una vuelta más al sol, aquí sigo…

Sin prisas, pero sin pausas.

Agradecida por lo vivido.

Paladeando el ahora.

Planteándome, como siempre, metas cortas con frecuentes recompensas.

Juzgando cada vez menos y observando cada vez más.

Aprendiendo todos los días que muchas cosas que parecen importantes, a menudo carecen de importancia y viceversa.

Procurando mantener intacta la curiosidad.

Y disfrutando por igual de la lluvia y del sol, de la tormenta y del arco iris…