Mamá

Madrugaste aquel lunes, eran apenas las siete de la mañana.

Tenías prisa por nacer, tanta que preferiste hacerlo en una camilla en los pasillos del hospital antes que entrar en el paritorio.

Te libraste por unos pocos gramos de empezar tu vida en una incubadora… ¡Eras tan pequeña!

Ese fue para tu padre y para mí, el día más feliz de nuestras vidas.

Me has contado esta historia cientos de veces.

Han pasado 55 años, 11 meses y cinco días y afortunadamente… me la sigues contando.

Feliz día mamá.