Cosas extraordinarias

Los días se sucedían todos iguales, ya no había diferencias entre un martes o un domingo.

Las horas pasaban más despacio, el tiempo alcanzaba para todo.

De repente las cosas más sencillas adquirían el matiz de extraordinarias…

El canto de los pájaros, la luz del sol entrando por la ventana, las sonrisas de balcón a balcón…

Cuando regresaba del breve paseo con su perro, reparó en que las orquídeas del parque ya habían florecido.

Al llegar a casa lo anotó en su agenda, en la lista de cosas extraordinarias del día.

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